Desde el librero
En casi todas las conversaciones sobre el futuro del planeta alguien dice una cifra alarmante y, justo después, nos preguntamos qué se puede hacer. Esa pregunta, la que busca una salida y no solo un diagnóstico, es el corazón de este número. La llamamos ecoesperanza, y aunque la palabra es nueva, lo que nombra no lo es: la costumbre humana de seguir intentándolo incluso cuando los datos no acompañan.
Hablar de ecoesperanza no es minimizar la crisis climática, sino negarse a que esa crisis tenga la última palabra. El futuro del planeta no está escrito todavía, y eso, que en ciertos días se siente como una amenaza, también puede leerse como una invitación. Las páginas que siguen son nuestra manera de aceptarla.
Desde el Librero capítulo 10: Cuando la memoria se vuelve literatura
En este episodio 10 de Desde el Librero, «Cuando la memoria se vuelve literatura», Jorge F. Hernández conversa con Jordi Soler sobre el poder de la escritura para transformar los recuerdos en literatura y hacer de la memoria un territorio vivo, sobre todo en su última novela Las armas de la ilusión (Alfaguara).
Además, escucharemos una cápsula especial de +Lecturas con Socorro Venegas por su libro Leche de silencio (Páginas de Espuma); Antolina Ortiz Moore reflexiona sobre las distintas formas de retratar la memoria en la literatura; Maura te recomienda un libro y El librero de Valentina comparten una nueva recomendación en Terapia literaria donde enfrentan el debate entre literatura clásica y contemporánea y Francisco Goñi cierra el episodio con nuestras Recomendaciones Gandhi.
Los profetas del bosque
Hay una imagen que se repite, con ligeras variaciones, en la vida de casi todos los autores de quienes se habla aquí. La imagen de alguien solo en la naturaleza, frente a un estanque, en un bosque o en un jardín, que de repente siente algo que no sabe muy bien cómo nombrar: una especie de alivio radical, de pertenencia sin contrato, de bienestar que no depende de nada comprado ni acumulado. Ninguno de ellos usó la palabra ecoesperanza (tampoco les hacía falta), lo que compartían era algo anterior al término y más viejo que cualquier movimiento: la convicción de que el mundo natural no es un escenario decorativo de la vida humana, sino su sustrato más profundo; que la tierra no es un recurso sino una relación; y que la única forma de estar bien, individualmente y como especie, pasa por reconectar con algo que siempre estuvo ahí, pero que la civilización industrial se empeñó (y lo sigue haciendo) en tapar.











































































































































































